Quienes trabajamos con la realidad como materia, con la no ficción, en sus versiones actualidad, slow, experimental; quienes no formamos parte de la industria mediática masiva (se puede “estar dentro” pero considerarse fuera, como una estatua de piedra), hablamos a menudo sobre la situación de los medios de comunicación.
Cómo no hacerlo, es preocupante, es desastrosa. Lo comentamos en los pasillos, entre cañas, con la boca pequeña. Pero la mayoría de veces nos comunicamos como si la cosa ya estuviera más que hablada: “Sí, ya sabes”. Con bajar la mirada sirve.
Una buena parte de los contertulios ya se ha aburrido de un debate que parece estéril, exhausto, quimérico, todo terminó.
Una espiral del silencio protagonizada por uno de los colectivos que se supone que menos debería callar.

